El poder contemplar
de cerca a un gran depredador es algo que me fascina. Siempre soñé con
ver al gran tiburón blanco (Carcharodon carcharias)
y este verano pasado pude disfrutar durante hora y media a menos de 12 grados
de temperatura de 9 ejemplares, que no solo se pasearon delante de mi, sino
que alguno de ellos me permitió tocarlo.
A pesar del intenso frio y de la
sensación de estar a su merced, es una experiencia digna de repetir, aunque
espero que la próxima vez las condiciones del agua sean mejores.

